El krill (Euphausia superba) es un pequeño crustáceo antártico del que se extrae el aceite de krill, fuente de ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) unidos a fosfolípidos y del antioxidante astaxantina. Su estructura fosfolipídica mejora la absorción frente al aceite de pescado tradicional, eleva con eficacia el Índice Omega-3 en eritrocitos y ha mostrado reducir triglicéridos sin aumentar el colesterol LDL en adultos con dislipidemia.
- El aceite de krill entrega EPA y DHA unidos a fosfolípidos (principalmente fosfatidilcolina), forma con biodisponibilidad superior al triglicérido convencional del aceite de pescado.
- En un ensayo aleatorizado con 300 adultos, 0,5–4 g/día durante 12 semanas redujo los triglicéridos séricos un 10,2 % sin elevar el LDL.
- Contiene astaxantina natural (50–1 500 µg/g), un carotenoide antioxidante que protege los propios omega-3 de la oxidación (TOTOX) y reduce marcadores inflamatorios.
- Dosis habitual: 1–3 g/día de aceite de krill (≈240–600 mg de EPA+DHA) con comida, durante al menos 8–12 semanas para elevar el Índice Omega-3.
¿Qué es el krill?
El krill es un crustáceo marino diminuto (2–6 cm) de la familia de los eufausiáceos. La especie con mayor relevancia nutricional y comercial es Euphausia superba, el krill antártico, que forma enjambres de millones de toneladas en las aguas frías del océano Austral y constituye la base de la cadena trófica que alimenta a ballenas, focas y pingüinos. Su dieta se compone principalmente de fitoplancton rico en microalgas, de donde obtiene los pigmentos carotenoides (astaxantina) y los precursores de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga que se acumulan en su cuerpo.
A partir de la biomasa de krill se obtiene el aceite de krill, una matriz lipídica única: a diferencia del aceite de pescado, en el que los ácidos grasos omega-3 están unidos principalmente a triglicéridos, en el krill se encuentran ligados a fosfolípidos (sobre todo fosfatidilcolina), junto con la astaxantina que le otorga su característico color rojo intenso.
Para qué sirve el aceite de krill
El aceite de krill se utiliza como suplemento para cubrir las necesidades de omega-3 de cadena larga cuando la ingesta de pescado azul es baja, y como fuente combinada de EPA, DHA y astaxantina. Sus aplicaciones clínicas más estudiadas son el control de los triglicéridos séricos, el soporte de la salud cardiovascular, la modulación de la inflamación sistémica y el sostén de la función cognitiva en distintas etapas de la vida.
- Perfil lipídico: reducción de triglicéridos y ajuste del cociente omega-6/omega-3.
- Cardiovascular: mejora del Índice Omega-3 en eritrocitos, asociado a menor riesgo de eventos coronarios.
- Antiinflamatorio: regulación de citoquinas y vías NF-κB en estudios preclínicos.
- Neurológico: soporte de membranas neuronales ricas en DHA y neuroprotección frente al estrés oxidativo.
- Articular: apoyo en molestias asociadas a inflamación de bajo grado.
Krill vs aceite de pescado: biodisponibilidad y forma química
La diferencia fundamental entre el krill y el aceite de pescado no es la cantidad bruta de EPA y DHA, sino la forma química en la que se presentan. En el aceite de pescado predominan los triglicéridos (TG) o los ésteres etílicos (EE, en aceites concentrados no reconvertidos). En el aceite de krill, entre el 30 % y el 65 % de los omega-3 están esterificados a fosfolípidos, lo que altera su destino metabólico tras la digestión.
Un ensayo cruzado, doble ciego y controlado con placebo en voluntarios sanos comparó 600 mg de omega-3 procedentes de krill, de pescado o de aceite de maíz durante 4 semanas: el krill aumentó significativamente el Índice Omega-3 en eritrocitos y redujo el cociente omega-6/omega-3 en mayor medida que el aceite de pescado a la misma dosis (Ramprasath et al., 2013). Esto sugiere una mayor eficiencia por miligramo de EPA+DHA cuando se administra en forma fosfolipídica, atribuible a su incorporación preferente en las membranas intestinales y la quilomicrogénesis.
Por contraste, cuando se comparan dosis recomendadas por los fabricantes (y no la misma cantidad molar), los aceites de pescado reconvertidos en triglicéridos concentrados (rTG) suelen elevar más las concentraciones plasmáticas de EPA y DHA por cápsula, simplemente porque aportan más miligramos de omega-3 por dosis (Laidlaw et al., 2014). La elección entre ambos depende, por tanto, del objetivo: saturación rápida de EPA+DHA o una matriz fosfolipídica con astaxantina incorporada.
Omega-3 EPA y DHA en fosfolípidos
El aceite de krill contiene tanto EPA (ácido eicosapentaenoico) como DHA (ácido docosahexaenoico), los dos ácidos grasos omega-3 de cadena larga con mayor evidencia clínica. En estudios de absorción intestinal en ratas, el aceite de krill alcanzó picos plasmáticos de EPA a las 2 horas y mantuvo niveles cerebrales de EPA y DHA ligeramente superiores al aceite de pescado tras administración prolongada (Ahn et al., 2018).
Los fosfolípidos del krill, principalmente la fosfatidilcolina, aportan dos ventajas bioquímicas: actúan como emulsionantes endógenos que facilitan la formación de micelas sin requerir ácidos biliares adicionales, y proporcionan colina, un nutriente esencial para la síntesis de neurotransmisores y fosfolípidos de membrana. Esta arquitectura molecular hace que el krill se integre más directamente en la capa externa de las lipoproteínas y en las membranas celulares.
Astaxantina: el antioxidante que contiene el krill
El aceite de krill es una de las pocas fuentes naturales de astaxantina, un carotenoide de la familia de las xantofilas que actúa como antioxidante liposoluble. Según la cosecha y el procesado, el aceite de krill aporta entre 50 y 1 500 µg de astaxantina por gramo. Esta molécula cumple dos funciones simultáneas dentro del propio suplemento y del organismo: protege a los omega-3 de la peroxidación lipídica (reduciendo el valor TOTOX durante el almacenamiento) y neutraliza especies reactivas de oxígeno en membranas mitocondriales ricas en antioxidantes endógenos.
En modelos experimentales, el aceite de krill y la astaxantina aislada mostraron efectos complementarios sobre el equilibrio redox del cerebelo y de la corteza motora en ratas, sin alterar de forma drástica los marcadores inflamatorios basales (Polotow et al., 2015). En un sistema in vivo de Caenorhabditis elegans, el aceite de krill retrasó la degeneración de neuronas dopaminérgicas asociada al envejecimiento y disminuyó la agregación de α-sinucleína, sugiriendo un efecto neuroprotector combinado de fosfolípidos omega-3 y astaxantina (SenGupta et al., 2022).
Salud cardiovascular y triglicéridos
La indicación con mayor evidencia clínica del aceite de krill es el control de la hipertrigliceridemia leve o moderada. En un ensayo multicéntrico, aleatorizado y controlado con placebo en 300 adultos con triglicéridos basales entre 150 y 499 mg/dL, la suplementación con 0,5–4 g/día de aceite de krill durante 12 semanas redujo los triglicéridos séricos un 10,2 % de forma estadísticamente significativa respecto al placebo (aceite de oliva), sin elevar el colesterol LDL (Berge et al., 2014). Este perfil es especialmente interesante frente a ciertos aceites de pescado, que en determinados protocolos han aumentado ligeramente el LDL-C.
En modelos de primates no humanos con diabetes tipo 2 y dislipidemia, una preparación purificada de fosfolípidos omega-3 de krill administrada durante 12 semanas disminuyó el colesterol total, el LDL-C, la apolipoproteína B100 y los triglicéridos, mientras aumentaba el HDL-C y la apolipoproteína A1 (Hals et al., 2017). La reducción del colesterol LDL solo se observó con las dosis intermedia y alta, lo que refuerza la importancia de una dosificación suficiente.
Cerebro, cognición y envejecimiento
El DHA es el ácido graso poliinsaturado predominante en la materia gris del cerebro, donde forma parte de las sinapsis y las vainas de mielina. Dado que el aceite de krill entrega DHA en forma fosfolipídica, varios grupos han investigado su impacto sobre la función cognitiva. Una revisión sobre dieta hipercalórica y envejecimiento concluyó que el krill oil puede contrarrestar procesos neuroinflamatorios cerebrales gracias a la combinación de omega-3 de cadena larga y astaxantina, con efectos sobre memoria espacial y aprendizaje en modelos animales (Andraka et al., 2019).
En adolescentes con Índice Omega-3 bajo, un protocolo publicado probó 400–800 mg/día de EPA+DHA procedentes de krill durante 52 semanas frente a placebo, con el objetivo de situar el Índice Omega-3 entre 8 % y 11 % y evaluar rendimiento académico y bienestar mental (van der Wurff et al., 2016). El interés clínico se centra en poblaciones con baja ingesta de pescado, donde el krill ofrece una vía eficiente de saturación tisular.
Inflamación intestinal y microbiota
El aceite de krill ha mostrado efectos prometedores sobre la inflamación intestinal en modelos in vitro e in vivo. En macrófagos humanos expuestos a lipopolisacárido, redujo de forma dosis-dependiente la expresión de IL-1β y TNF-α, actuando sobre las vías NF-κB y receptores tipo NOD (Liu et al., 2020). En modelos animales de colitis, mitigó el daño mucoso, favoreció la polarización de macrófagos hacia el fenotipo M2 y modificó la composición de la microbiota, reduciendo la biosíntesis microbiana de histamina.
Una revisión reciente resumió el potencial del krill oil como coadyuvante en enfermedad inflamatoria intestinal, atribuyendo los efectos al EPA/DHA fosfolipídico y a la astaxantina, con mecanismos que incluyen preservación de la barrera intestinal, modulación del microbioma y reducción del estrés oxidativo mucoso (Liu et al., 2024).
Dosis recomendada del aceite de krill
No existe una dosis única para todos los objetivos, pero los rangos utilizados en los ensayos clínicos permiten establecer recomendaciones prácticas:
- Mantenimiento general / Índice Omega-3: 1–2 g/día de aceite de krill, aportando aproximadamente 150–300 mg de EPA+DHA.
- Triglicéridos elevados: 2–4 g/día durante al menos 12 semanas, siguiendo el protocolo usado en el ensayo aleatorizado con 300 participantes.
- Soporte antiinflamatorio / articular: 2–3 g/día durante 8–12 semanas, preferentemente combinado con una dieta rica en vegetales.
- Momento de toma: con la comida principal para aprovechar la liberación biliar y minimizar el reflujo.
En cualquier protocolo, es razonable acompañar el aceite de krill con otros micronutrientes liposolubles como la vitamina D y la vitamina E, cuya biodisponibilidad se beneficia de la matriz lipídica de la cápsula. En Colombia, los suplementos de aceite de krill importados con certificación de pureza y trazabilidad están disponibles en Suplenet.
Efectos secundarios y contraindicaciones
En los ensayos clínicos publicados el aceite de krill ha mostrado un perfil de seguridad favorable, con tasas de efectos adversos comparables al placebo y sin reflujo a pescado, que sí suele asociarse a aceites de pescado no entéricos. Los eventos más reportados son leves y gastrointestinales: eructos con sabor marino, náuseas transitorias o deposiciones blandas al inicio de la suplementación.
- Alergia a crustáceos: contraindicación absoluta. El krill pertenece al mismo grupo taxonómico que camarones, langostinos y langostas.
- Anticoagulantes y antiagregantes: dosis altas de omega-3 pueden potenciar el efecto de warfarina, heparina o aspirina. Consultar con un profesional de la salud antes de suplementar.
- Cirugías programadas: suspender la suplementación 5–7 días antes si el médico lo indica, por el efecto sobre la agregación plaquetaria.
- Embarazo y lactancia: los datos son limitados; priorizar aceites con certificación de pureza y consultar al profesional tratante.
Calidad, sostenibilidad y conservación
Un aceite de krill de calidad se define por tres variables: concentración de omega-3 en fosfolípidos, contenido real de astaxantina y estabilidad oxidativa. Debido a la abundancia de dobles enlaces, los omega-3 son vulnerables a la rancidez; por eso los buenos aceites de krill se envasan en cápsulas blandas opacas, se estabilizan con tocoferoles o extractos vegetales y se manejan bajo atmósfera de nitrógeno durante la producción. La astaxantina intrínseca del krill proporciona protección antioxidante adicional dentro de la propia cápsula.
En el plano ambiental, la pesca de Euphausia superba está regulada por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), que establece cuotas anuales muy conservadoras respecto a la biomasa total estimada. Las marcas con certificación MSC (Marine Stewardship Council) o Friend of the Sea suelen ofrecer garantías adicionales de trazabilidad y manejo pesquero responsable.