La pepsina es una enzima proteolítica gástrica del grupo de las aspárticas-proteasas secretada como pepsinógeno por las células principales del estómago y activada por el ácido clorhídrico a pH 1,5-2,0. Hidroliza los enlaces peptídicos de las proteínas en péptidos y oligopéptidos que luego tripsina y quimotripsina terminan de digerir en el intestino. Su secreción disminuye con la edad, la gastritis atrófica y la infección por H. pylori, contribuyendo a la hipoclorhidria y a la mala absorción de hierro, vitamina B12 y proteínas.
- La pepsina es una aspártica-proteasa con óptimo de actividad a pH 1,5-2,0; se inactiva por encima de pH 6.
- Se secreta como pepsinógeno inactivo y se convierte en pepsina activa por acción del HCl gástrico.
- Hasta un 20-30 % de adultos mayores presenta hipoclorhidria, reduciendo la actividad de la pepsina y la absorción de B12, hierro y calcio.
- En ensayos clínicos, 1 500 mg de betaína HCl baja el pH gástrico por debajo de 3 en ~6 minutos durante ~75 minutos, restableciendo el entorno óptimo para la pepsina.
Qué es la pepsina
La pepsina es una proteasa digestiva secretada por el estómago que hidroliza los enlaces peptídicos de las proteínas en la fase gástrica de la digestión. Pertenece al grupo de las aspárticas-proteasas (EC 3.4.23.1), caracterizadas por contener dos residuos de aspartato en su sitio activo y por operar exclusivamente en condiciones muy ácidas. Se libera en forma de un zimógeno inactivo llamado pepsinógeno, que solo se transforma en pepsina activa cuando entra en contacto con el ácido clorhídrico (HCl) del jugo gástrico (Gritti et al., 2000).
Junto con la amilasa salival, la tripsina, la quimotripsina, la papaína, la bromelina y la pancreatina, la pepsina forma parte del arsenal enzimático con el que el organismo descompone los alimentos. A diferencia de las proteasas intestinales —que trabajan en medio alcalino— la pepsina es la única enzima proteolítica activa a pH menor de 3, por lo que su papel se concentra en el estómago.
Aspártica-proteasa: estructura y sitio activo
La pepsina humana es una cadena polipeptídica de aproximadamente 35 kDa con una arquitectura bilobular. En la grieta entre los dos lóbulos se encuentra el sitio catalítico, formado por dos residuos de ácido aspártico (Asp-32 y Asp-215) que comparten un protón. Ese protón polariza el enlace carbonilo del sustrato y permite que una molécula de agua activada ataque el carbono del enlace peptídico, rompiéndolo mediante un mecanismo de hidrólisis (Hsu et al., 1977).
Esta estructura explica dos rasgos clave del comportamiento enzimático: el rango de pH óptimo (1,5–2,0) y la inactivación irreversible por encima de pH 6. Por eso un fármaco antiácido, un inhibidor de la bomba de protones o un episodio de aclorhidria eliminan prácticamente toda la actividad pepsínica gástrica.
Activación del pepsinógeno por el ácido clorhídrico
Las células principales (chief cells) del fondo y cuerpo gástrico sintetizan pepsinógeno y lo almacenan en gránulos de zimógeno. Cuando estímulos como la gastrina, la acetilcolina o la presencia de alimento actúan sobre el estómago, esos gránulos liberan pepsinógeno al lumen. Simultáneamente, las células parietales secretan HCl a través de la bomba H+/K+-ATPasa, generando un pH gástrico de 1,5–3 (Yúfera et al., 2012).
A ese pH, el pepsinógeno sufre un cambio conformacional que desenmascara su sitio activo y elimina autocatalíticamente un fragmento N-terminal de 44 aminoácidos, convirtiéndose en pepsina madura. Una vez activa, la pepsina puede además procesar más pepsinógeno en un mecanismo de amplificación. Esta dependencia absoluta del HCl hace que cualquier déficit de ácido gástrico bloquee de facto la digestión proteica estomacal (Gritti et al., 2000).
Función digestiva: péptidos y oligopéptidos
La pepsina corta preferentemente enlaces peptídicos adyacentes a aminoácidos aromáticos (fenilalanina, tirosina, triptófano) y a leucina. Esa especificidad amplia transforma las proteínas dietarias de gran tamaño —colágeno de la carne, caseínas lácteas, gluten del trigo, proteína de soja— en fragmentos más pequeños: péptidos largos, oligopéptidos y una cantidad modesta de aminoácidos libres. Se estima que la pepsina completa entre el 10 % y el 20 % de la digestión total de las proteínas; el resto lo hacen las proteasas pancreáticas (tripsina, quimotripsina, elastasa, carboxipeptidasas) y las peptidasas del borde en cepillo del intestino (Ordoñez et al., 2008).
Ese "pre-procesamiento" ácido cumple además otra función: desnaturaliza las proteínas, expone nuevos sitios de corte y facilita la posterior actuación de las enzimas intestinales. Si la pepsina falla, las proteasas pancreáticas reciben un sustrato peor preparado y la eficiencia global de la digestión de proteínas cae.
Hipoclorhidria y envejecimiento
La hipoclorhidria —producción insuficiente de HCl— es un fenómeno frecuente a partir de los 60 años. Tanto la atrofia progresiva de la mucosa gástrica como el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, esomeprazol, rabeprazol) y antagonistas H2 elevan el pH por encima de 4–5, umbral al que la pepsina pierde su actividad (Laine et al., 2008).
Clínicamente, la hipoclorhidria se asocia a síntomas difusos: sensación de pesadez tras comidas proteicas, distensión, eructos, déficits nutricionales, pelo y uñas frágiles, y mayor susceptibilidad a infecciones gastrointestinales. En la analítica suelen descender la ferritina, la vitamina B12 y los pepsinógenos séricos (un marcador de masa de células principales y, por tanto, de capacidad para producir pepsina) (Wakabayashi et al., 1999).
Suplementación: betaína HCl + pepsina
La combinación clásica para recuperar la digestión gástrica en personas con hipoclorhidria funcional es betaína HCl + pepsina. La betaína HCl actúa como donante transitorio de ácido clorhídrico, mientras que la pepsina suplementaria aporta la enzima ya lista. Un ensayo controlado en voluntarios sanos con hipoclorhidria inducida por rabeprazol demostró que 1 500 mg de betaína HCl redujo el pH gástrico 4,5 unidades (de 5,2 a 0,6) en una media de 6,3 minutos, con una ventana ácida útil de unos 75 minutos (Yago et al., 2013).
En un segundo estudio cruzado, los mismos investigadores comprobaron que la betaína HCl restauró en un 121 % la absorción de dasatinib —un fármaco dependiente del pH gástrico— en pacientes pretratados con rabeprazol (Yago et al., 2014). Extrapolado a la digestión cotidiana, esto implica que una dosis puntual de betaína HCl + pepsina puede reabrir temporalmente la ventana proteolítica del estómago en personas con aclorhidria o gastritis atrófica. En Suplenet se distribuye en Colombia la combinación de betaína HCl + pepsina de Thorne y la fórmula de SpectraZyme Betaine HCl + Pepsin de Metagenics, ambas dosificadas para este uso clínico.
Pepsina, absorción de B12, hierro y otros nutrientes
El buen funcionamiento de la pepsina es condición necesaria para liberar micronutrientes que vienen unidos a proteínas dietarias. La vitamina B12 ingresa al organismo ligada a proteínas animales; solo la combinación de HCl + pepsina la libera para que pueda unirse al factor intrínseco gástrico y luego absorberse en el íleon. En la gastritis atrófica, esa primera etapa falla y los pacientes desarrollan anemia megaloblástica, neuropatía e incluso alteraciones cognitivas (Vitale et al., 2011).
El hierro no hemínico de origen vegetal necesita un pH ácido para reducirse a Fe²⁺ y ser absorbido por el enterocito. La aclorhidria se asocia a anemia ferropénica refractaria al hierro oral: en una serie de 41 pacientes con ferropenia inexplicada, el 20 % presentaba atrofia gástrica con hipergastrinemia (Dickey et al., 1997). De modo similar, el zinc y el calcio también muestran peor absorción en escenarios de pH gástrico elevado.
H. pylori, gastritis atrófica y pepsina
La infección crónica por Helicobacter pylori es una causa principal de hipoclorhidria. En el patrón de gastritis atrófica pangástrica, el H. pylori destruye células parietales y principales, reduciendo la secreción de HCl y de pepsinógeno. La relación sérica pepsinógeno I / pepsinógeno II se utiliza como marcador no invasivo del grado de atrofia gástrica: cuando cae por debajo de 3, se considera indicativa de atrofia y aumenta el riesgo de cáncer gástrico (McColl et al., 2000; Jia et al., 2024).
La erradicación de H. pylori suele mejorar los niveles séricos de hierro y vitamina B12 al restaurar parcialmente la secreción ácida y la actividad de la pepsina (Vitale et al., 2011). En la gastritis autoinmune —otra causa de atrofia corporal— los anticuerpos contra células parietales y factor intrínseco producen hipoclorhidria persistente y déficit de B12 desde la infancia en casos graves (Taietti et al., 2025).
Pepsina en el reflujo laringofaríngeo (LPR)
Paradójicamente, la pepsina también puede causar daño fuera del estómago cuando el contenido gástrico sube hasta la laringe y la faringe. Este fenómeno, conocido como reflujo laringofaríngeo (LPR) o reflujo extraesofágico, es diferente del reflujo gastroesofágico clásico. La pepsina refluida permanece estable en la mucosa laríngea incluso a pH 6–7 y puede reactivarse durante nuevos episodios, lesionando el epitelio respiratorio (Johnston et al., 2016).
La detección de pepsina en saliva, esputo o biopsia laríngea sirve como biomarcador diagnóstico del LPR. En un estudio sobre cirugía antirreflujo, la pepsina se detectó en la mucosa laríngea de 8 de 9 pacientes antes de la fundoplicatura y desapareció casi por completo después del procedimiento, en paralelo a la mejoría de síntomas como disfonía, tos crónica y globus faríngeo (Wassenaar et al., 2011). En niños, la pepsina detectada en lavados supraglóticos se ha asociado con laringomalacia y otras enfermedades inflamatorias de la vía aérea superior (Luebke et al., 2017).
Dosis suplementaria y forma de uso
Las formulaciones comerciales de betaína HCl + pepsina contienen típicamente entre 500–750 mg de betaína HCl y 5–25 mg de pepsina por cápsula. El protocolo clásico consiste en tomar 1 cápsula con la primera comida proteica del día y escalar de 1 en 1 cápsula por comida en días sucesivos hasta notar una ligera sensación de calor estomacal —señal de que se alcanzó el umbral ácido adecuado— y luego retroceder una cápsula. La dosis media se estabiliza entre 1 500 y 3 000 mg de betaína HCl (2–4 cápsulas) por comida rica en proteínas.
- Momento: al inicio o durante la comida, nunca con el estómago vacío.
- Forma: cápsula entera, con agua; no abrir ni masticar para evitar daño al esmalte dental y a la mucosa oral.
- Combinación útil: junto a pancreatina, bromelina o enzimas digestivas de amplio espectro si la digestión intestinal también está comprometida.
- Seguimiento: reevaluar cada 3 meses; la secreción propia puede recuperarse y el suplemento dejar de ser necesario.
Contraindicaciones y precauciones
La pepsina suplementaria y la betaína HCl están contraindicadas en personas con úlcera péptica activa, gastritis erosiva, esofagitis severa o esófago de Barrett. Añadir más ácido y más actividad proteolítica a una mucosa ya dañada puede agravar la lesión, pues tanto el HCl como la pepsina son factores agresores directos de la barrera gástrica (Oncel & Basson, 2022).
El uso concomitante de AINEs (ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, aspirina) merece especial cuidado: estos fármacos inhiben la ciclooxigenasa y reducen las prostaglandinas protectoras de la mucosa, aumentando el riesgo anual de complicaciones gastrointestinales al 1–1,5 %. Sumar una carga ácida adicional en ese escenario eleva el riesgo de hemorragia y perforación (Laine et al., 2008). Tampoco debe combinarse con corticoides orales ni con bisfosfonatos sin supervisión médica. En pacientes con enfermedad renal avanzada, la metabolización de la betaína a dimetilglicina y homocisteína merece seguimiento. Ante cualquier duda, consultar al profesional de salud antes de suplementarse.