La DHEA mejora la cantidad de óvulos y la calidad de los embriones en mujeres con reserva ovárica baja, según la evidencia más reciente. Pero no mejora la tasa de nacidos vivos de forma significativa — la promesa que muchas pacientes (y profesionales) asumen que sí cumple.
- Una revisión sistemática de 2024 con más de 1.300 mujeres muestra que la DHEA mejora marcadores como número de óvulos y calidad de embriones, pero no la tasa de nacidos vivos
- Cerca de una de cada cuatro clínicas de fertilidad en el mundo usa DHEA en protocolos de reserva ovárica baja, pese a que la evidencia sigue siendo débil según los propios investigadores del área
- La dosis fija tradicional (50 mg/día) genera efectos secundarios androgénicos (acné, vello, dolor de cabeza) en un tercio de las mujeres — ajustar la dosis según niveles en sangre reduce esos efectos de forma marcada
- La DHEA no reemplaza ni compite con la testosterona, que en la misma revisión de 2024 sí mostró una asociación con mayor tasa de nacidos vivos — apenas empieza a estudiarse a fondo
- El mensaje honesto para una paciente con reserva ovárica baja no es 'esto te va a ayudar a quedar embarazada', sino 'esto puede darte más óvulos y mejores embriones para intentarlo, sin garantía sobre el resultado final'
Durante casi diez años en consulta, a las pacientes con reserva ovárica baja que se preparaban para un tratamiento de fertilidad les decía algo parecido a esto: "la DHEA puede ayudarte a tener mejores óvulos, vale la pena intentarlo antes de tu tratamiento". Lo decía con la mejor intención, apoyada en estudios que sonaban prometedores. Lo que no decía —porque no lo sabía con la claridad que tengo hoy— es que "mejores óvulos" y "más probabilidad de tener un bebé" no son la misma promesa. Y para una paciente que lleva meses o años intentando, esa diferencia lo es todo.
Escribo esto como una corrección, no como una autoflagelación. No estaba mal informada por descuido —la literatura sobre DHEA en reserva ovárica baja es genuinamente confusa, y hasta hace poco no existía una revisión lo bastante grande y rigurosa como para separar lo que de verdad se sabe de lo que se espera que funcione. Esa revisión ya existe, es de 2024, y cambió lo que le digo a mis pacientes.
Qué es la DHEA y por qué se le apostó a la fertilidad
La dehidroepiandrosterona (DHEA) es una hormona que el cuerpo produce de forma natural en las glándulas suprarrenales, y que sirve como materia prima para fabricar otras hormonas, incluidos los andrógenos y los estrógenos. Sus niveles bajan de forma natural con la edad —hacia los 70-80 años, una persona produce apenas una fracción de la DHEA que producía en su juventud—, y ese descenso ocurre en paralelo con el declive de la reserva ovárica, lo que llevó a varios investigadores a preguntarse si restituir DHEA podría, de alguna forma, "rejuvenecer" el ambiente hormonal del ovario.
En mujeres con reserva ovárica baja —menos óvulos disponibles de lo esperado para su edad—, se propuso hace más de una década que suplementar con DHEA antes de un ciclo de fecundación in vitro podría mejorar la respuesta ovárica. La lógica tiene una base biológica real: los andrógenos influyen en el crecimiento de los folículos, aumentan la esteroidogénesis (la producción de hormonas esteroides dentro del propio folículo), y pueden promover el reclutamiento de folículos primarios y preantrales —es decir, ayudar a que más folículos entren en la carrera de maduración de la que, al final, se elige el óvulo que se recupera en la punción—.
Por qué tantas clínicas de fertilidad la adoptaron
Esa lógica convenció a mucha gente, incluida yo. Una revisión de 2013 que resumió la literatura hasta ese momento documentó algo que sorprende cuando lo dices en voz alta: casi una de cada cuatro clínicas de fertilidad en el mundo usa DHEA en sus protocolos para reserva ovárica baja, pese a que los propios autores de esa revisión concluían que las recomendaciones basadas en evidencia sólida todavía no existían (PMID: 23737215). Es decir, la práctica se adelantó a la evidencia — y yo, como muchas colegas, seguí esa práctica confiando en que la evidencia terminaría de confirmarla.
Recuerdo con claridad a una paciente de 38 años, con reserva ovárica baja confirmada por su hormona antimülleriana, que llegó a mi consulta tres semanas antes de su primer ciclo de estimulación. Le expliqué la DHEA casi como un "suplemento de preparación obligatorio" — con el mismo tono con el que le hubiera hablado de tomarse las vitaminas prenatales. No era mentira lo que le decía, pero tampoco era toda la verdad: le estaba transmitiendo una confianza sobre el resultado final que la evidencia de ese momento no respaldaba con la firmeza que mi tono sugería. Ese es exactamente el tipo de matiz que hoy manejo distinto.
El estudio que me hizo corregir lo que digo

En 2024 se publicó en Fertility and Sterility —la revista de referencia mundial en medicina reproductiva— la revisión sistemática más grande y mejor hecha hasta la fecha sobre tratamientos para reserva ovárica baja, con 38 ensayos clínicos aleatorizados evaluando 12 intervenciones distintas, entre ellas la DHEA con 1.336 mujeres analizadas (PMID: 39332623). Es, con diferencia, el estudio con más peso que existe sobre este tema.
El hallazgo central es el que me hizo cambiar mi discurso: la DHEA sí mostró una mejora estadísticamente significativa en el número total de óvulos recuperados. Pero cuando los investigadores midieron el desenlace que de verdad le importa a una paciente —la tasa de nacidos vivos— la DHEA no mostró una diferencia significativa frente a no usarla. La única intervención de las doce evaluadas que sí se asoció con una tasa de nacidos vivos más alta fue la testosterona, no la DHEA.
Esto no significa que la DHEA "no sirva para nada" —significa que sirve para algo distinto de lo que yo, y probablemente muchas pacientes, asumíamos que servía. Una revisión sistemática específica sobre los óvulos y las células que los rodean confirma el mismo patrón con más detalle: de siete estudios analizados, seis mostraron mejoras en la calidad de los óvulos y de las células del cúmulo ovárico en mujeres con reserva ovárica baja o de edad avanzada, pero el único ensayo verdaderamente aleatorizado y controlado de ese grupo no encontró diferencia en los desenlaces clínicos ni de fertilización (PMID: 37374020). El patrón se repite: mejoran los marcadores intermedios, no necesariamente el resultado final.
Un metaanálisis más reciente, con casi 2.000 participantes en total, confirma exactamente esta misma brecha: la DHEA sí mejoró el número de óvulos recuperados, los óvulos maduros, los óvulos fertilizados, los embriones de buena calidad, la tasa de embarazo clínico y la tasa de embarazo en curso —pero no hubo diferencia en la tasa de nacidos vivos (PMID: 35996249). Cuando tres revisiones independientes, con metodologías distintas, llegan al mismo patrón, ya no es un hallazgo aislado — es la evidencia diciéndome que mi discurso anterior estaba adelantado a lo que realmente se sabe.
Vale la pena detenerse en por qué puede pasar esto: que algo mejore la cantidad y calidad de óvulos sin mejorar el resultado final. La tasa de nacidos vivos depende de muchas más variables que la calidad del óvulo en el momento de la punción — la implantación del embrión, la receptividad del endometrio, la edad materna, la calidad del esperma, y factores que ni siquiera los laboratorios de reproducción asistida pueden medir todavía con precisión. Un ensayo puede tener el tamaño suficiente para detectar una mejora en "número de óvulos" (una diferencia relativamente grande y fácil de medir) sin tener el tamaño necesario para detectar una diferencia en "nacidos vivos" (un desenlace más raro, con más variables interpuestas). Esto no invalida los hallazgos sobre calidad ovocitaria — pero sí explica por qué un marcador intermedio prometedor no siempre se traduce, todavía, en el desenlace que a la paciente le importa.
Lo que le digo ahora a mis pacientes
Sigo recomendando DHEA en casos seleccionados, pero cambié tres cosas en cómo lo hago.
Primero, separo explícitamente los dos tipos de beneficio. Le explico a la paciente que la evidencia respalda que la DHEA puede darle más óvulos y embriones de mejor calidad para trabajar en su ciclo —lo cual no es poca cosa cuando cada óvulo cuenta— pero que no existe evidencia sólida de que eso se traduzca en más probabilidad de llevarse un bebé a casa. Son dos promesas distintas, y solo la primera tiene respaldo real hoy.
Segundo, dejo claro que "sin efectos secundarios graves reportados" no es lo mismo que "sin riesgos que vigilar". Una revisión de 2016 sobre DHEA en pacientes con baja respuesta ovárica lo dice de forma que uso casi literal en consulta: la ausencia de efectos secundarios significativos no debería considerarse un argumento para respaldar el tratamiento con DHEA — la ausencia de daño no es lo mismo que la presencia de beneficio (PMID: 27927044). Es una frase que aplica a mucho más que la DHEA, y la tengo presente cada vez que una paciente me dice "pero no me hace daño, ¿cierto?".
Tercero, y este es el cambio más práctico: dejé de recomendar una dosis fija.
El segundo ajuste: la dosis fija estaba generando efectos secundarios innecesarios
La dosis estándar que circula en la mayoría de los protocolos es de 25 mg tres veces al día (75 mg/día) o 50 mg una vez al día, la misma para cualquier mujer sin importar sus niveles hormonales de base. Un estudio de dosificación en 100 mujeres (y 100 hombres, aunque aquí me enfoco en el dato femenino) mostró algo que cambió mi manera de recetar: con una dosis fija de 25-50 mg, aparecieron efectos secundarios androgénicos —acné o vello excesivo en el 31% de las mujeres, además de somnolencia, inquietud y dolor de cabeza en proporciones similares (PMID: 12649580).
Cuando los investigadores ajustaron la dosis de forma individual —entre 5 y 50 mg, según los niveles de sulfato de DHEA (DHEA-S) en sangre de cada mujer, buscando llevarlos al rango fisiológico normal de una mujer joven sana— esos mismos efectos secundarios cayeron a un 4-8% de las pacientes. La diferencia no fue sutil: pasar de una dosis fija a una dosis medida y ajustada redujo los efectos secundarios en más de dos tercios.
Desde que conozco ese dato, no receto DHEA sin antes medir el DHEA-S basal de la paciente, y reviso el control a las 4-6 semanas para ajustar la dosis en vez de asumir que "50 mg le sirve a todo el mundo". Es más trabajo para mí y más citas para la paciente, pero es la diferencia entre una paciente que tolera bien el tratamiento y una que lo abandona por el acné justo cuando más necesita constancia.
| Producto | Dosis | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|
| DHEA, Life Extension | Cápsula, 15 mg | Punto de partida conservador para ajustar según DHEA-S en sangre, sobre todo en mujeres con niveles basales ya cercanos a lo normal |
| DHEA Sublingual Disolvente, Life Extension | Tableta sublingual, 25 mg | Dosis intermedia, presentación de absorción rápida para quien prefiere no tragar cápsula |
| DHEA, ProHealth Longevity | Cápsula, 50 mg | Dosis estándar de los protocolos clásicos de fertilidad — punto de partida antes de individualizar |
| DHEA Dehidroepiandrosterona, Life Extension | Cápsula, 50 mg | Alternativa de marca a la dosis estándar de 50 mg |
| 7-Keto DHEA Metabolite, Life Extension | Cápsula, 100 mg, NO androgénico | Para quien busca los efectos metabólicos de la DHEA sin la conversión a andrógenos — no es la forma usada en los estudios de fertilidad citados aquí |
Ninguna de estas presentaciones sustituye el control médico. La dosis correcta para cada mujer es la que ajusta su propio laboratorio, no la que trae la etiqueta.

Porcentaje de mujeres con acné o vello excesivo (efectos androgénicos), comparando dosis fija estándar vs. dosis individualizada según niveles de laboratorio. Datos de Römmler 2003, PMID 12649580.
A quién le tiene sentido probarla y a quién no
Con la evidencia ya clara para mí, esto es lo que reviso antes de sugerir DHEA a una paciente:
- Reserva ovárica confirmada como baja (hormona antimülleriana baja, conteo de folículos antrales reducido, o clasificación POSEIDON de baja respuesta) — no la recomiendo como suplemento genérico de "salud ovárica" para mujeres sin ese diagnóstico, porque ahí la evidencia disponible ni siquiera aplica.
- Tiempo suficiente antes del ciclo — los estudios que muestran mejoras en calidad ovocitaria usaron entre 8 y 12 semanas de preparación. Si una paciente llega dos semanas antes de su punción, la conversación cambia: no hay evidencia de que un uso tan corto logre el mismo efecto.
- Disposición a hacerse el control de laboratorio — sin medir DHEA-S antes y ajustar según eso, estoy repitiendo el mismo error de la dosis fija que ya sé que genera más efectos secundarios de los necesarios.
- Sin antecedentes que contraindiquen elevar hormonas esteroides — cánceres hormono-dependientes, enfermedad hepática activa, o cualquier condición que el médico tratante considere de riesgo.
- Expectativas ya calibradas — si después de esta conversación la paciente sigue esperando una garantía de embarazo, prefiero que lo sepamos antes de empezar, no después de un ciclo fallido con la sensación de que "algo salió mal" con el suplemento.
Cuando esas cinco condiciones se cumplen, sigo pensando que vale la pena probarlo — el beneficio en calidad ovocitaria es real, y para una paciente que va a pasar por un ciclo de estimulación de todas formas, partir con mejor materia prima no es un dato menor. Lo que cambió no es si lo receto, sino cómo explico lo que puede y no puede lograr.
Lo que la DHEA no es: un atajo, ni un reemplazo de nada
Hay dos confusiones que corrijo seguido en consulta. La primera es pensar que la DHEA reemplaza o compite con la testosterona en estos protocolos —son hormonas relacionadas (la DHEA es, de hecho, un precursor que el cuerpo puede convertir en testosterona), pero en la revisión de 2024 fue la testosterona administrada directamente, no la DHEA, la que mostró asociación con mayor tasa de nacidos vivos. Es un hallazgo tan nuevo, con un número de estudios todavía pequeño, que los propios autores piden que se estudie más a fondo antes de sacar conclusiones firmes o cambiar protocolos masivamente — no es una recomendación que yo haga hoy, mencionarlo aquí es solo para que quede claro que la DHEA no es la única ni necesariamente la mejor hormona androgénica bajo estudio para este problema, y que este campo sigue moviéndose.
La segunda confusión es pensar que si algo se usa para fertilidad, también sirve igual para otros fines hormonales, como la menopausia. Ahí la evidencia es distinta y más sólida en un uso específico: un ensayo clínico grande con 216 mujeres posmenopáusicas encontró que la DHEA aplicada de forma local (vaginal, no en cápsula oral) mejoró de forma significativa el deseo, la excitación, el orgasmo y la sequedad durante la actividad sexual (PMID: 19424093) — pero esa es una formulación y una vía de administración completamente distintas a las cápsulas orales que se usan en protocolos de fertilidad, y no es lo que manejamos en el catálogo de Suplenet. Menciono el dato porque ilustra algo importante: la DHEA no es "una cosa que hace una cosa" — el efecto depende muchísimo del contexto, la vía y la dosis, y generalizar de un uso a otro es exactamente el tipo de simplificación que quiero dejar de hacer.
Tampoco es un suplemento para tomar por cuenta propia sin supervisión. Al ser precursora de andrógenos y estrógenos, su uso debe evaluarse con cuidado en cualquier mujer con antecedentes de cáncer sensible a hormonas, alteraciones hepáticas, o cualquier condición donde elevar estas hormonas pueda ser un riesgo — es una conversación con tu médico, no una decisión de farmacia.

Lo que corregí, en una frase
Dejé de decir "esto te va a ayudar a quedar embarazada" y empecé a decir "esto puede darte más óvulos y mejores embriones para trabajar en tu ciclo, con una dosis medida para tu cuerpo — sin que eso garantice el resultado final". Es una frase menos vendedora y más larga de explicar en consulta. También es la que puedo sostener mirando a una paciente a los ojos, sabiendo que le estoy diciendo exactamente lo que la evidencia dice hoy, ni más ni menos.





