La creatina monohidratada eleva la creatinina sérica pero no daña los riñones. La cistatina C es el marcador adecuado para evaluar función renal durante la suplementación. En personas sanas, la evidencia de seguridad es robusta. En ERC, se requiere supervisión nefrológica.
- La creatinina sérica elevada durante suplementación con creatina NO indica daño renal
- La cistatina C es el marcador más preciso para evaluar función renal en usuarios de creatina
- La ISSN confirma la seguridad de la creatina en personas con función renal normal
- Pacientes con ERC estadio 3-5 no deben suplementar sin supervisión nefrológica directa
- Mantener hidratación de 35-40 mL/kg/día durante la suplementación es fundamental
Pocos suplementos generan tanto debate clínico como la creatina. Por un lado, es la molécula más estudiada en la historia de la suplementación deportiva, con un perfil de seguridad respaldado por décadas de investigación. Por otro, la elevación de creatinina sérica que produce sigue disparando alarmas innecesarias en consultorios médicos de todo el mundo.
El problema no es la creatina. El problema es confundir un marcador con una enfermedad. Y esa confusión tiene consecuencias reales: pacientes que abandonan un suplemento seguro por miedo infundado, y profesionales de salud que emiten recomendaciones basadas en una interpretación incompleta de la bioquímica renal.
Creatinina elevada no significa daño renal
La creatinina sérica es un producto de degradación de la fosfocreatina muscular. Cuando suplementas con creatina monohidratada, aumentas las reservas de fosfocreatina en el músculo, lo que naturalmente incrementa la producción de creatinina como subproducto metabólico1. Este aumento es predecible, proporcional a la dosis y completamente benigno.
El error clínico más frecuente ocurre cuando un médico solicita un panel metabólico básico, observa creatinina sérica elevada y asume deterioro de la función renal. La creatinina es un marcador indirecto de la tasa de filtración glomerular (TFG), pero su valor depende de múltiples factores: masa muscular, ingesta proteica, hidratación, ejercicio reciente y, por supuesto, suplementación con creatina.
La cistatina C es un marcador alternativo que no se ve afectado por la masa muscular ni por la suplementación con creatina. Estudios que han medido ambos marcadores simultáneamente confirman que la creatina eleva la creatinina sin alterar la cistatina C ni la TFG real2.

Qué dice la evidencia en personas con función renal normal
La International Society of Sports Nutrition (ISSN) publicó en 2017 su posición actualizada sobre creatina, concluyendo que no existe evidencia científica convincente de que la suplementación a corto o largo plazo con creatina monohidratada tenga efectos perjudiciales sobre la función renal en individuos sanos3.
Estudios longitudinales de hasta 5 años de duración con dosis de 3 a 5 g/día no han mostrado deterioro en la TFG estimada, proteinuria ni alteraciones histológicas renales. Un ensayo controlado en jugadores de fútbol americano que consumieron creatina durante toda la temporada competitiva no encontró diferencias significativas en marcadores renales comparado con el grupo placebo4.
Incluso las fases de carga (20 g/día durante 5-7 días), que producen los picos más altos de creatinina sérica, no han demostrado efectos adversos renales en poblaciones sanas.
El escenario complejo: enfermedad renal crónica preexistente
Aquí es donde la evidencia se vuelve más limitada y la prudencia clínica debe prevalecer. Los estudios en pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) establecida son escasos, con muestras pequeñas y seguimientos cortos.
Un estudio piloto en pacientes con ERC estadios 3-4 que recibieron creatina (12 semanas, 3 g/día) no mostró deterioro adicional de la función renal medida por cistatina C5. Sin embargo, los autores fueron cautelosos en sus conclusiones dada la muestra limitada.
Lo que sí sabemos con certeza:
- La creatina no es nefrotóxica. No daña directamente las células renales ni produce inflamación tubular.
- Los riñones sanos filtran creatinina sin esfuerzo adicional. El aumento en creatinina sérica no representa una carga funcional para el glomérulo.
- En ERC avanzada, la interpretación de marcadores se complica. Si la TFG ya está comprometida, distinguir entre elevación benigna (por suplementación) y deterioro real requiere marcadores adicionales como cistatina C.
Cuándo monitorear y cuándo abstenerse
La estratificación del riesgo es fundamental. No es lo mismo un atleta de 30 años con función renal normal que un paciente de 65 años con diabetes tipo 2 e hipertensión crónica (los dos principales factores de riesgo para ERC).
| Escenario | Recomendación | Monitoreo |
|---|---|---|
| Función renal normal, sin factores de riesgo | Suplementación segura (3-5 g/día) | Panel básico anual estándar |
| Función renal normal con factores de riesgo (diabetes, hipertensión, historia familiar) | Suplementación aceptable con precaución | Cistatina C basal + a los 3 meses |
| ERC estadios 1-2 (TFG > 60 mL/min) | Consultar nefrólogo antes de iniciar | Cistatina C + albuminuria cada 3 meses |
| ERC estadios 3-5 (TFG < 60 mL/min) | No suplementar sin supervisión nefrológica directa | Monitoreo integral frecuente |

El papel de la hidratación y la dosis
Un factor frecuentemente subestimado es la hidratación. La creatina aumenta la retención de agua intracelular, lo que puede reducir el volumen plasmático si la ingesta hídrica no se ajusta. En un riñón sano, esto es irrelevante. En un riñón comprometido, la deshidratación crónica puede acelerar el deterioro funcional independientemente de la creatina.
La recomendación práctica: mantener una ingesta hídrica de al menos 35-40 mL por kilogramo de peso corporal durante la suplementación. Un individuo de 80 kg debería consumir aproximadamente 2.8-3.2 litros diarios de agua.
Respecto a la dosis, la evidencia no justifica fases de carga en personas con factores de riesgo renal. La dosis de mantenimiento de 3-5 g/día alcanza saturación muscular en aproximadamente 3-4 semanas y produce elevaciones más moderadas de creatinina sérica.
El problema de la información desactualizada
Gran parte del miedo a la creatina proviene de reportes de caso aislados de la década de 1990 y principios del 2000, donde pacientes con patología renal preexistente no diagnosticada desarrollaron insuficiencia renal aguda y la creatina fue señalada como sospechosa por asociación temporal, no por causalidad demostrada6.
La revisión sistemática más completa hasta la fecha, que incluyó 15 ensayos controlados aleatorizados con más de 4,000 participantes en total, concluyó que la suplementación con creatina no produce efectos adversos clínicamente significativos sobre la función renal en individuos sin enfermedad renal preexistente7.
Interacciones farmacológicas relevantes
Para pacientes que toman medicamentos nefrotóxicos (AINEs crónicos, aminoglucósidos, inhibidores de calcineurina, ciertos antirretrovirales), la adición de creatina merece consideración adicional. No porque la creatina sea nefrotóxica, sino porque la elevación de creatinina sérica puede enmascarar el deterioro renal inducido por el fármaco.
En estos casos, la cistatina C se convierte en un marcador indispensable para el seguimiento.
Perspectiva clínica final
La evidencia sugiere que la creatina monohidratada es notablemente segura para la función renal en la gran mayoría de la población. El riesgo no está en la molécula sino en la interpretación inadecuada de los marcadores bioquímicos y en la ausencia de evaluación individualizada.
Lo que no debemos hacer es privar a millones de personas de los beneficios cognitivos, musculares y metabólicos de la creatina por un temor que la ciencia ha desmentido repetidamente. Lo que sí debemos hacer es identificar a los pacientes que requieren monitoreo adicional y usar los marcadores correctos para evaluarlos.
La creatina no daña los riñones. La ignorancia sobre cómo interpretar la creatinina sérica durante la suplementación sí puede dañar las decisiones clínicas.


